QUE EL DOLOR SALVA

Tengo la piel ardiendo. No solo el sol quema, también el viento. Mi piel se va acostumbrando a los besos de un nuevo cielo. Las palabras me sobran, no hay orden, no hay tiempo. Estando sola me doy cuenta que nunca estoy lejos, que todos van por dentro. Amor inmenso, eterno.

Acá llegué a aprender del acto de soltar, soltarlo todo. El control, el pasado, el miedo. Me había lastimado mucho tiempo. Me estaba reprimiendo, escondiendo. No me dejaba brillar por enfocarme de lleno en un dolor interno. Mi luna, mi sombra, mi llanto, mi lamento. Mi oscuridad se convirtió en un poder inmenso, que antes me botó con tanta queja y sufrimiento, pero hoy por fin aprendo a domar mi mierda mientras la acepto. Fui pateando a los demonios más tontos, y coleccionando a los más fuertes, los he hecho esclavos para defenderme cuando sea necesario. Ya no hay víctimas en este cuento, comienzo a ser sol, a avivarme el fuego, a dejarme ser luz de nuevo, esa luz que fui en el vientre de mi madre antes de hacerme cuerpo. Ahora soy, además de loba, alma de guerrero.

“Estás obsesionada con curarte, y ni siquiera estás enferma”, me dijo La Tierra. La enfermedad es mentira, son creencias mentales, inventos disfrazados de serios, que llegan a recordarnos que no nos amamos lo suficiente para cuidarnos en el día a día, para darnos respeto, para ser sinceros con nuestros anhelos. Vienen a recordarnos que a veces nos abandonamos. El dolor me ha aconsejado tanto que hoy lo abrazo, abrazo al miedo y al llanto, porque fueron el impulso que desvió mi camino hacia una conexión cada vez más fuerte conmigo, me hechizaron, me salvaron. Me invitaron a ser mi propio experimento, a explorarme el centro. Mi cabeza aún anda suelta, hace lo que quiere. Pero si se pone intensa, la escucho y me burlo, y así me escudo. 

Abro los ojos tanto como puedo, este planeta es mi más valioso espejo. Ya no soy yo sino la tierra que recorro manifestándose en mi cuerpo. Cada vez quiero dormir menos, desapegarme del sueño para cosérmelos en vivo, con hilos de instantes placenteros. Si merecemos lo que soñamos, es porque vivimos el sueño sin tenerlo en las manos; porque la vida no nos da lo que queremos, nos da lo que somos. Yo solo agradezco, que me veo en todo lo que veo, y extiendo las manos para recibir tanto alimento. Están mi corazón y mi mente atentos a recibir lo mejor de esto, para trascender, evolucionar, para hacer valer la creación de mis padres: mi nacimiento. Quiero vivir sin tiempo. Los años que voy contando son justos los que ya no tengo, se fueron. Realmente la edad no es más que el número que uso para etiquetar mis recuerdos. 

Ya no espero nada, y por eso todo llega. Aún quedan llantos, pero las ganas de llorar se extinguieron. Habrán mil y un formas más de sacar, de limpiar. Mi mundo se va llenando de sonrisas siendo huelga, que se quejan de tanta lágrima sentida. Hoy quiero vivir el presente de lleno, dejando de lado cualquier deseo. Yo vine aquí a volverme mi propia medicina. Hoy soy caminante, dando pasos como hormiga en tierra desconocida, pero me mantengo protegida por la vida que no es mía, la vida que es de todos, energía colectiva, creativa, infinita. Soy divina, porque estoy viva. Y ya estoy lista, para compartirme entera, enterré la vergüenza, la culpa, la pereza. Cada semilla que antes sembré, ya está dando cosecha.

04 DOLOR SALVA

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