ME HUELE A CASA

Siempre que dibujo me es incierto el resultado. Voy creando sin pensar en crear, sino en soltar. Y cuando acabo, veo, y me veo, y entonces aprendo y acepto. Esta ilustración la asocié de una a mi familia, a mi núcleo, a mi centro. A esa frase que un día escribí, “estando sola me doy cuenta que nunca estoy lejos, que todos van por dentro”. Y recordé un texto que escribí la primera vez que fumé marihuana en el patio de mi abuela, alguna madrugada, cuando mi abuelo aún no había muerto:

“Suena a negro. Hoy mi abuelo me contó una de sus historias con moraleja, esta vez era acerca de dar sin esperar. De trabajar como si no se necesitara el dinero. De amar como si nunca nos hubiesen herido. Y yo pensando mientras, que trabajo es movimiento, y en todos los pasos que he dado en poco tiempo, en lo rico de aferrarme ahora a mis propios besos. Veo a mi abuelo y vivo de cerca la fuerza que me hereda. 

En mi familia sobra amor. Hay un hilo que nos mantiene en un mismo a abrazo a todos. Hay una nueva generación creciendo, 8 niños, incluido un perro. Ahora todo es alrededor de ellos. De sus juegos, su cariño, sus berrinches. Ahora ellos son los que gritan, los que bailan, los que cantan, los que al piso se tiran aunque anden estrenando ropa. Tengo una escena en mi cabeza, mi papá tan alto, y los bebés tan bajos, mi papá jugando a cazarlos, y los bebés huyendo y gritando como si les persiguiera algo aún más temido que la muerte. Les envidio tanto juego, que rico.

En este momento, mientras yo sigo iluminando la soledad de la noche, con un encendedor, en el patio de mi abuela, me pongo a imaginarlos a todos. Nana debe estar en el cuarto, con el pulgar en el celular, viendo fotos de otras chicas o ligando. Adolfo está descansando con todo su esfuerzo porque debe despertarse después de pocas horas de sueño. Mis abuelos durmiendo, ya sin sueños. Cada uno en su propio cuento. Roncando, resistiendo. Tía Ivette sonríe mientras duerme, ella se divierte. Chiny duerme con Chelo y Fabi duerme con Mati, yo estaría durmiendo en la misma casa con todos ellos, bajo el mismo techo y las mismas cucas buscando alimento.

Mi mamá debe andar en el quinto sueño, disfrutándolo como tanto sabe hacerlo. Pa viendo tele, deseando o no, poder encontrar el sueño que desde hace años perdió, esperando que sea casi de mañana para levantarse a regar las plantas. Sebas está caminando hacia el cuarto de sus papás, sonámbulo. Sus papás están estrenando bebé que no tiene ni un mes. Ahora son 4, como Chiny, como Dee. Que supongo duerme ahora también, con el oído puesto en cualquier detalle que alerten sus hijos. Da y Mata están siguiendo su horario de sueño perfecto, ni con un minuto más o menos. Mañana trabajan en la casa y van a pasar todo el día chineando a Barú mientras hablan de cosas ñoñas con sus colegas de trabajo. Barú se orina cada vez que me ve, yo le digo conejito por blanco y por que pega los mejores saltos. 

Tío Miguel y Tía Macha, duermen, supongo que entre ronquidos también, bajo el calor de Santa Ana. Yeka y Pepé están tocando la pancita porque en unos meses nace Saúl. Y tuco talvez esté cogiendo con su esposa, que le cumple como mujer y le hace el almuerzo y le plancha la ropa. Algo así entiendo. Y yo fumando en el patio de tita por primera vez, sobrepensando, porque eso hago generalmente, no se si estoy demasiado presente o demasiado ausente, pero mi vida constantemente me la cuento, y hoy mi cuento sabe a sangre mezclada con tiempo. A familia siendo el calor del centro.”

06 OLOR A CASA

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