ANTES DE PARTIR, ANTES DE MORIR

Hace un tiempo, cuando estaba en lo más hondo del hueco, escribí esto:

Y yo entiendo, que soy más sincera de la cuenta, y que me trabo mucho en un querer cuando nada es cierto. Y yo entiendo, que uno cree manejar las cosas cuando solo está jugando con los juguetes que le dan. Todos tenemos herramientas y mundos totalmente ajenos. Cargas diferentes, y árboles diferentes. Da miedo enfrentarse a nuevos leones, y darse cuenta que a veces aceptar ser parte de un mundo cerrado es también una forma de apertura. Y es que no quiero cambiar mi mundo todavía, y no quiero huir de mis etapas, y aún no quiero crecer lejos de estas ramas. Pero admito que necesito paz, y que ahorita no se donde está.

Mi abuela me decía que yo ocupo ayuda profesional, y eso mismo me decían mi mamá y mis hermanas. Creo que lo que quieren decirme es que ellas no pueden ayudarme, y no encuentran las palabras para atreverse a dispararme. Ellas solo sufren que sufro. Y es injusto para todos, que no pueda yo sufrir en paz, y que otros sufran ante un dolor que no es de ellos. Aunque voy viendo, que si les duele es que son reflejo.

Si no salgo de esto es porque aún no es momento. Yo dejo sentirme lo que sea que sienta, y dejo pensarme y tramarme y hablarme para confundirme y hundirme y hundirme y hundirme. Todo lo dejo ser, y lo veo con lupa para poder contármelo después. Y no importa sufrir o reír, mientras uno no se vuelva nunca eso. Porque aparte de todo sentimiento, aparte de todo pensamiento, aparte de toda idea o emoción, la vida sigue sucediendo. Y uno no es capaz de frenar eso. Yo sigo entonces, aceptando todo lo que venga. Cansada de desear algo más que lo que ya tengo. No encontré la fuerza dentro de tanta libertad, y entonces acá voy, me amarro un rato, para dejar de seguir ese círculo vicioso de huirle a todo.

Dicen que para ser diferente, hay que dominar la normalidad. Todo es un juego, personajes, escenarios, movimiento. Cambios constantes, rupturas, nacimientos. Leí un día “no quiero cruzar en este barco, pero este barco es lo único que tengo”. Acá voy, dispuesta a soportar y a soportarme. Se que la vida me está preparando para algo grande.

Esta vez voy perdiendo, pero siempre aprendiendo. A veces no es cierto que uno tenga tantas opciones, y pensar en tantas posibilidades solo quita tiempo para seguir cosiendo. La vida es un juego tramposo, porque uno no muere después de caerse, la pantalla no se lo come, si no que lo empuja pal frente, inevitable el avance. Y si nos muerden ciertos bichos, toca seguir el paso mientras curando. La cosa es darle tiempo a las heridas, porque solo así se cicatrizan. En este juego todo es una espiral que no acaba jamás, y el que termina una pantalla, se disuelve en infinitas pantallas más. No acaba esto, nunca. No acaba, el péndulo, la dualidad, los enfrentamientos.

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