CALENDARIO LUNAR MAYA: UN RITMO DIFERENTE

Un calendario es una herramienta de programación en nuestras vidas, y es necesario entender cuánto poder tiene sobre nosotros y cómo este tiene la capacidad de construirnos o destruirnos, porque el calendario que usemos es el que nos controla el tiempo, y entonces la vida, la mente, el cuerpo y el alma. 

Somos seres naturales viviendo bajo un ritmo de vida antinatural, un reloj mecánico nos controla la vida bajo un algoritmo improbable e imperfecto, según la naturaleza. El calendario gregoriano que todos acostumbramos mantiene meses irregulares de 28, 29, 30 o 31 días, y cada 4 años nos sobra un día, es un calendario imperfecto creado por la iglesia católica, y hoy se utiliza casi a nivel mundial. Si basamos nuestra vida en un calendario irregular, eso interfiere y desordena nuestra mente y nuestra esencia. Es por esto que nos enfermamos, nos confundimos y nos dan tantas crisis existenciales, depresiones, etc. 

El Cholq’ij o Calendario lunar maya, nace para manejar los días y a nosotros mismos de forma armónica con la madre tierra. Se basan en la luna para estudiar la tierra, los animales, y la naturaleza del ser humano, para encontrar un ritmo cíclico y perfecto, como un fractal, que nos sincronice con la Tierra y nos ordene el tiempo.

El calendario lunar maya comienza en 8 B’ATZ. 8 representa a las 4 extremidades de la mujer en unión con las 4 extremidades del hombre, para así, crear la vida. Y B’ATZ significa INICIO, HILO, UNIÓN, TIEMPO. De esta forma se crea al primer ser humano llamado JUN WINAQ, JUN significa UNO y WINAQ significa GENTE. Este primer ser con 20 dedos y 13 articulaciones, le llaman un ser completo. Y de ahí, nace la cuenta que sería la base del calendario.

El 20 se toma como un número sagrado porque son 20 los instrumentos naturales que tenemos para contar. De ahí nace el ciclo de 20 días. Y el 13 se toma también como un número valioro, ya que las 13 articulaciones son las que permiten la unión y movimiento del cuerpo, y porque descubren que son 13 los planos del cielo y 13:20 la ecuación de la onda gravitacional de la luna. Además 13×20 son 260 días, que equivalen a 9 vueltas de la Luna a la Tierra, osea 9 meses de los que acostumbramos, que es el tiempo de gestación de un ser humano. Así es como se empieza a asociar a la mujer y a la vida humana con la Luna, y al ver como todo se conecta descubren este ciclo de 20 días x 13 intensidades, que se vuelven en el calendario los 20 nawales x 13 tonales. 

Un nawal es una relación cósmico (universo) – telúrica (tierra). Cada nawal representa además de un animal, una energía de un elemento de la naturaleza ya sea sol, luna, agua, aire, plantas… Y un tonal es un número, una fuerza que mide la intensidad de cada nawal, y además tiene su significado propio. El nawal:tonal se asocia a mar:isla. El nawal es como el mar, es esta parte infinita, abstracta, imposible de medir, no se sabe qué hay, qué encontrar, sorprende… asociado a la energía femenina. El tonal es como la isla, es esta parte concreta, absoluta, cuantificable, donde estamos a salvo, seguros… se asocia a la energía masculina. Esta mezcla de ambos es lo que marca cada día del calendario.

Tanto el nawal como el tonal van avanzando cada día, es decir, si hoy es 8 B’ATZ, mañana será 9 EE, y el día siguiente será 10 AJ, etc. 

Cada día tiene una aplicación específica, por ejemplo hay un día para pedir perdón, otro para sembrar, para ofrendar, para sanar, para los negocios, para inicio de proyectos, para renacer, etc. Son 20. Y lo que se busca es ordenar a todos los seres humanos en una misma intención cada día, y de forma cíclica, para así encontrar armonía no solo con la naturaleza sino con y entre nosotros mismos. Si la humanidad se conecta en una misma intención cada día, se vuelve más fuerte y más poderosa. El Cholq’ij apuesta por la construcción de una sociedad respetuosa y con profunda libertad humana.

El orden y la intención de cada día pueden leerla AQUÍ.

“…Y estas voces nos recuerdan que el centro del universo está en cada uno de nosotros, porque está en cada uno de los frutos que brotan en cada instante del tiempo y en cada lugarcito de la tierra. Y nos invitan a recrear el hilo roto de la vida, a sanar la violada dignidad de la naturaleza y a recuperar nuestra perdida plenitud.”

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