LA RAÍZ ES LA CURA

Hay veces que solo tenemos que abrirnos y aceptar que necesitamos ayuda. Guatemala me atrajo, para regalarme la cura que tanto tiempo llevaba buscando. Porque aunque creo fuertemente que soy la diosa que llevo dentro, llegan momentos donde para avanzar, requerimos maestros. Ale me vio llorando tanto y tan sin sentido, que me recomendó ir donde Francisca, una mujer maya que definitivamente me cambió la vida.

Cuando llegué me recibió con un abrazo.

-¿Porqué estás aquí?, me preguntó.

-Llevo muchos años llorando y ya me cansé, quiero soltar. 

Me dijo que me sentara cómoda, que cerrara los ojos y que me tocara con las manos las partes del cuerpo donde sentía el llanto. Me costó distinguir donde estaba acumulada la tensión que me golpeaba tanto. Al final, fue entre el estómago y el pecho que se terminó enfocando.

– Ahora solo concéntrate en sentir, tómate tu tiempo. Siente fuerte. 

Yo lloraba desconsolada. Así, sin más, sin hablar, sin pensar. Me dolía el alma. Gemía. Moqueaba. Ella me tocaba partes del cuerpo, con su tacto tan suave pero tan fuerte a nivel energético. Después de unos minutos, me dijo que me devolviera a la primera vez en mi vida cuando me sentí así. Ahí empezó el viaje.

Tenía yo como 5-6 años, supongo yo. Me vi con mis cejas frondosas y mis pestañas negras empapadas en llanto, hecha un puño, en la alfombra roja de mi cuarto. Ma estaba enferma, encerrada en su cuarto con luz apagada. Padecía de ataques depresivos que duraban semanas. Recuerdo sentir mucho miedo al no poder ni verla, era como si estuviera muerta. Pa estaba en la sala en silencio, asustado, respetando el dolor de ella. Da y Ana, mis hermanas, cada una en su propio cuarto. Nadie estaba en el mismo espacio, aunque bajo el mismo techo. Mi puerta estaba cerrada, y la casa de noche y a oscuras. Recuerdo el ambiente frío. Y yo llorando, con miedo de que mi mamá no despertara nunca, que no saliera a comer, que no pudiera ver su pelo negro y lacio, ni oír su voz, ni sentir su abrazo.

Después de describirle a Francisca lo que fue una escena de mi propia vida, que se mantuvo todos estos años tan escondida, me dijo que imaginara a mi mamá al frente mío, que la volviera a ver a los ojos, y dijera todo lo que sentía.

-Siento miedo porque no la veo. Tristeza porque todos lloran. Enojo por dejarme sola. Porque es navidad y usted está encerrada llorando, porque es mi cumpleaños y usted está encerrada llorando, porque es el día de la madre y usted está encerrada llorando. Porque toda la atención está en usted, y entonces yo no puedo ser niña, porque verla llorando tanto solo me hace llorar a mi también. Porque me hace falta su palabra y su contacto.

Aunque me costaba hablar, hablaba. Mientras con los ojos cerrados, adentrándome cada vez más a fondo en un viaje por el cuál Francisca me guiaba.

-Ahora tu mamá tiene 5 años, y ella está viendo fijamente a los ojos de tu abuela. Que siente mamá? 

-Ahora tu abuela tiene 5 años, y ella está viendo fijamente a los ojos de tu bisabuela. Que siente tu abuela?

-Ahora tu bisabuela tiene 5 años, y ella está viendo fijamente a los ojos de tu tatarabuela. Que siente tu bisabuela?

Así se fueron desencadenando cada una de mis abuelas, fui cada una de ellas por unos instantes. Vi y sentí cosas que no entiendo de donde vinieron. Conecté con todas, yo sentía cada vez un dolor más fuerte en el pecho, sentía cada vez más grandes las ansias de gritar, de arrugar la cara cuánto pudiera al llorar. Y yo me dejaba, sin la mínima intención de control. Por ratos no quería sentir más, era fuerte ver rostros que ni siquiera conocí en fotos, pero estaban ahí, al frente mío, ilustrándome la vida que hemos llevado en conjunto, una vida de violencia, agresión, insatisfacción, opresión. Francisca me dijo que nos acomodáramos todas en fila, y que caminara al puro final, detrás de la última y ahí encontraría una luz, el origen.

-Mira la luz, siéntela, y conéctate con ella. Dile a esa luz SÍ. Dile SÍ, esa es la vida que hemos tenido, SÍ, así es la historia y no podemos cambiarla. SÍ, gracias a tanto dolor y tanta resistencia hoy estoy yo aquí. Después dile POR FAVOR, cuando lo sientas. POR FAVOR libérame de todas estas tristezas que no son mías, que hemos venido cargando con los años, los siglos. POR FAVOR desata los nudos, destraba mi cuerpo.

Después me dijo que empezara a coser heridas, desde esa luz al fondo del horizonte, pasando por todas mis raíces, todas mis abuelas, hasta llegar a mi mamá, a mi. Me dijo que cosiera un manto que nos cerrara, nos uniera. Yo cosía con colores, con flores, con abrazos, con hilos gruesos, un tejido enorme que nos quitara el frío, hasta llegar a mi pecho. Y entonces abracé a mi madre y le pedí perdón por haberme enojado antes. Y le dije, con todo respeto, que ese dolor que yo sentía, no es mío, es de ella, y se lo devolví. Lo entregué a sus manos, y le pedí que lo devuelva ella al resto de las abuelas, porque yo ya no lo quiero más, ya no lo aguanto más.

No tengo idea cuánto duró el viaje, yo sentí que estuve horas nadando en historias ajenas que sin darme cuenta el tiempo las volvió mías. Entendí cuán fuerte es el hilo que nos une, cuán fuerte es el pasado, cuán fuerte es la familia. El cerebro no distingue entre realidad o imaginación, y todo lo que vivamos en la mente, lo sienten el cuerpo y el corazón. El vacío que cargaba y buscaba desesperadamente en mi vida cotidiana, venía de mi niñez, un miedo a la soledad y unas ganas de llorar que arrastraba desde niña. La depresión es una enfermedad tan pesada y desgastante, que va matándonos lentamente sin darnos cuenta, y mientras no arranquemos de raíz, no se va ir.

Hoy me llena de paz cerrar los ojos e imaginarme a mi madre, verla como me abraza, como me sostiene. La conexión que tengo con ella, representa para mi la conexión que tengo con la vida, con la tierra, con el vientre. Y es que en el vientre están la fuerza y la voluntad. Hoy siento el cuerpo más liviano, porque entendí la raíz de mi pesadez.

Gracias ma, por darme la vida y por llenarme de herramientas para hoy yo poder estar aquí. Viéndote a los ojos aunque estando en otra tierra, amándote, agradeciéndote, conociéndote. Gracias ma porque sos la mejor mamá que pudiste ser para mi. Te escogí como madre antes de poder yo respirar, te escogí porque hoy sos mi mayor lección de vida, porque tengo mucho que aprender de vos, porque tienes mucho que aprender de mi.

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