LA BIENVENIDA MÁS FRÍA

Lo que no se habla, no se sana. Cuando llegué al aeropuerto, me frenaron en aduanas porque llevaba 30 libros iguales. Al final me dejaron salir, e iba yo tan feliz como si creyendo que por estar lejos de mi “siempre”, iba a estar lejos de una realidad interna que me sacaba lágrimas. Pero es que de nuestro cuerpo no nos libramos por más que caminamos.

Llegué en 8 TIJAX, era 8 de marzo, se conmemoraba por todos lados el día de la mujer, el día en que 120 mujeres murieron por defender sus derechos. Habían manifestaciones por toda la Zona 1. Y cuadras específicas de mujeres indígenas, quienes incluso pasaron su noche allí. Habían actividades en las calles, fiestas, talleres y risas, pero muchos más gritos.

En una de esas fiestas, conocí a Ana de Editorial Del Pensativo, esa con quien mantuve contacto estos dos años para ver cómo nos traíamos los libros. Me regaló un abrazo bien apretado y siguió saludando a cuantos más topaban con ella. No fue más que un encuentro tardío que no llegó a más, por el momento. Las vi bailar a todas, era una reunión de niñas, jóvenes, adultas y viejas, todas distintas y sueltas, cantando y riendo todo lo que sus piernas danzaban. Y yo solo las vi, callada, invisible, queriendo guardar sus rostros con la cámara, que se quedó escondida en mi bolso hasta que salí de ahí. Me fui a un taller de Capoeira para mujeres, con Ale. Al final, solo me quedé viendo.

¡No te animaste!,

me dijeron dos veces, primero una argentina con tal sonrisa que solo me reí de vuelta; después la profe, con una fuerza y belleza a la vez, se me acercó a preguntarme porqué, y le dije que soy de las que prefieren ver. De inmediato yo me reclamo por dentro que estoy enferma de vergüenza, y me pongo peor, de pensar que siguen pasando los días y yo amargada y con pena.

Cantaron todas en grupo “las manos en los pies, los pies en las manos”, y yo lejos.

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Mientras caminaba por las calles, me topé también con varios personajes de esos que están quedititos e ignorados, los “nadies”. Me quedé en freno ante aquella señora de pelo bien blanquito que estaba siempre en esa especie de boulevard que hay entre el mercado y el palacio, la que subió la cabeza un segundo después de tomada la foto, y así despedazarnos. Habíamos llamado a ese retrato “Ceguera”, con la ayuda de Domi en aquel festival, recuerda?.

“Y nadie nos ve”, se llama el texto que la acompaña:

La llama de nuestra sangre arde,
inapagable
a pesar del viento de los siglos.
Callados,
canto ahogado,
miseria con alma,
tristeza acorralada.
¡Ay, quiero llorar a gritos!
Las tierras que nos dejan
son las laderas,
las pendientes:
los aguaceros poco a poco las lavan
y las arrastran a las planadas
que ya no son de nosotros.
Aquí estamos
parados a la orilla de los caminos
con la mirada rota por una lágrima…
Y nadie nos ve.
-Humberto Ak’abal

La cosa es que ese día la vi, la vi hasta más hondo que cuando la vi la primera vez. Y yo le juro que sentí nauseas. Mi estómago, que no se aguanta ni un día sin hacerse notar, me recuerda que por ahí habita algo qué ocupa sanar. Volví a las calles donde antes nació un libro que hoy se me clava, que duele, que habla fuerte.

Llegó la noticia de las niñas quemadas. Hace dos años fue gente gritando el silencio del genocidio, esta vez era pureza felina celebrando cada vagina, denunciando entre cantos, teatro y llanto, a los femicidas. Al día de hoy, se contaron 41 niñas fallecidas, calcinadas en un incendio ocasionado en ese orfanato del estado que “protege” niñas víctimas de violencia, un no-hogar que tiene 6 años de recibir denuncias por violaciones y trata. Tras de eso, en medio de alguna manifestación, alguien contó que varias de estas niñas murieron embarazadas.

Yo solo siento asco de tanta atrocidad.

Tijax es un día violento. Cuán crudo y descarado sentí esta vez al cuchillo de doble filo. Fue tanta crueldad y dolor asociados al día, sumado al dolor que yo ya traía, que la imposibilidad de privarme las lágrimas me obligó a devolverme a casa de Ale, donde me quedé sin consuelo alguno, decepcionada de mi, del mundo.

¿Cuánto hay que vomitar para poderse limpiar?

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