DOÑA MONCHA

Me acerqué porque los viejos me dan mucha curiosidad. Sus enormes tetas viendo el piso capturaron toda mi atención. Se mueve en una especie de silla de ruedas casera, no puede caminar ya. Tiene osteoporosis y problemas de hígado. El hijo la lleva en las mañanas a esos pasillos, la saca de la silla, la sienta en la banca, ella alista su mesita, el hijo se va y a las 4 de la tarde regresa por ella. Cada día así. Nació en 1936, y desde el 46 vende lotería. Se gana de 100 a 200 colones por cada que vende. Los dedos se le quedaban doblados, pegados, ella no controla mucho su cuerpo, pero su cabeza está atenta. Le pregunté que si se siente fuerte. La pregunta desató su boca.

 “Días como ayer no mamita, ayer sentí que me moría, que me ahogaba. Pero a punta de fe se traspasan esos días. Hoy me siento cansada pero con vida. Mamá murió a los 93, creo que a mi me faltan muchos años que concluir todavía. No puedo dejarme hundir ahorita, aunque me duela el cuerpo. Yo vivo con mi hijo. Mi esposo murió hace años, y yo le agradecí tanto a Dios por su muerte. Dice el dicho que es mejor estar solo que mal acompañado. Usted tenga mucho cuidado cuando se case. Todos parecen buenos al inicio, pero el tiempo les saca el diablo. El único amor verdadero es el de la madre. No hay amor más puro. Mamá murió hace veinte y yo siento que fue ayer que hablé con ella por última vez. Todavía lloro.”

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