01/01/91

Hubo un día que Ale, que ya pasó las tres décadas, me dijo que a los 25 es cuando se le salen a uno todos los demonios. Los más. Una estampida saliendo desde adentro. Yo me preparé a dejarlos salir con brazos abiertos. Pero soltarlos significaba que me atravesaran el cuerpo. Tuve que abrazarlos, para que dolieran menos. Sentí heridas abiertas por doquier. Enfermé. Marchité. Sentí un extremo… y sentí también cuando empezó a caminar todo hacia el lado opuesto. En el equilibrio me aburro. Parece que mi cuerpo prefiere andar como abejón de un lado a otro, viviendo.

Mañana cumplo 26, creo estar en una onda alta de la parábola de la que hablo. Estos días he pasado cuidando a una perra que intenta jugar con el gato y el gato la araña. Nala, se llama, y me señala con la mirada el portón que da a la calle. Los primeros días no encontré la correa, la llevaba suelta, cerca. Hoy la saqué amarrada, y caminamos un ratote por el barrio nuevo. No se que es lo que hago mal que cuando la saco no caga, pero caga en las mañanas para que mi humor se vea retado al tener que limpiar cada mierda en la sala. Me pasé de casa por sexta vez en 3 años. Vuelvo a ser vecina de donde me pasé por primera vez. El cholq’ij dice que Tz’ikin es el signo más volátil. Siempre me gustó cambiar de nido, ahora cambio de casa; antes cambiaba la posición de la cama.

Este año viví en una corriente más acelerada de lo que acostumbraba, aprendí a nadar diferente, sanando mientras me abrazaban una comunidad de ritmos distintos. Que un río no sea el de uno, no significa que sea un río sucio. Solo es otro. Pasé en un contraste constante, batallándome mucho. Entendí cuan rechazado es el dolor. Y cuan extrema es la impotencia de no pegárselo a los demás. Porque el dolor se contagia y pesa.

Yo no era, todos fuimos. Comprendí que sin gente, no existo. Soy rama de un árbol tan inmenso como la sangre, y agradezco haber nacido en este suelo, porque por este suelo es que hoy siento la libertad de explorarme y buscar caminos no necesariamente conocidos. Hay que montarse siempre en ondas donde uno sincronice el ritmo. Dicen que todos estamos locos, y que los que parecen normales, no los conocemos. La fluidez del camino depende de cómo canalicemos la locura, y con quién decidamos compartirla. Familias de sangre y familias escogidas, todo se vale. Hoy creo que esa “suerte” en la cual confío son todas las manos que se nos extienden en vida, porque muchas de esas manos, son alas que nos guían.

Hoy renazco, hoy loba. Segura en manada, o sola. Sensible como marea, y fuerte como imán de luna moviendo las olas. Hoy siento claro al instinto hablando, sin ruido. Todo despejado de tantas ideas ajenas. Hoy explota todo, B’atz es para eso, comienzo de nada a todo. Voy tras un río nuevo donde bailar, donde sentirme suerte, viva, fuerte. 

Estoy dispuesta a probarlo todo, todo cuanto pueda. He dedicado mi vida a explorarla con todos mis sentidos, en todas sus dimensiones, hasta donde me gane el juicio. Me complace probar el mundo y tragarme sus sabores. Soy adicta a lo incierto, a las emociones, a lo nuevo. He sido miles de etiquetas bajo las letras de mi nombre, desde hija y nieta, hasta virgen, esposa y puta. Soy más de 10 oficios. La valiente y la miedosa. Persona. Y seré cuantas infinitas posibilidades tenga de seguir siendo. La corteza del árbol se está engrosando, yo acumulo y transmuto. Así he venido fluctuando de un lado a otro desde que nací, cambiando constantemente y exprimiéndome cuantas más distintas personas internas.

 

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