MUJER ÁRBOL

En algún momento hace tanto tiempo, cuando no existía aún la humanidad, se dice que las mujeres eran árboles. Con raíces que las mantenían bien pegaditas a la tierra, brazos largos de corteza y cabello vivo entre hojas y flores. Vivían en los rincones más hermosos de la tierra, nutridas de sol, agua y viento. Siempre rodeadas de todas las criaturas del entorno. Había un árbol, el más sabio de todos, la abuela, que sabía todo sobre la vida y todo sobre la muerte. Y cualquier otra mujer árbol enferma en cualquier parte del mundo, se comunicaba con ella a través de las raíces, y así sanaban. Ellas podían sentir todos los seres de la naturaleza a través de esa red profunda bajo tierra.

Luego llegaron los humanos de dos patas, y al tiempo, se desató una guerra en la tierra, a causa de ambición por los reinos, el poder y las riquezas. Y muchas mujeres árbol fueron convertidas en madera y fuego. Así que por cuan doloroso fuera, la abuela árbol decidió desenraizar a todas las mujeres para que pudieran correr, y huir del peligro. A pesar de que esto les quitaría las raíces y conexión con la madre tierra, más solo así podrían sobrevivir. La abuela, al no querer separarse de todas ellas y bajo un acto de amor profundo por sus hijas, las bendijo con un árbol en su vientre, su útero. De esa forma todas podrían recuperar su raíz a la madre tierra, ya que el útero es su anclaje a su verdadera esencia.

Muchas murieron de tristeza y soledad, otras se olvidaron de quienes eran y aprendieron a vivir sin su poder. Pero otro grupo de ellas, se distribuyó en el mundo bajo la promesa de jamás olvidarse a si mismas y conservar así su más profunda memoria. Se prometieron encontrarse y reencontrarse en el tiempo, manteniendo y traspasando el secreto de su origen.

Hoy, toda mujer que puede sentir la herida ancestral y la profundidad del vacío emocional inexplicable, es símbolo de que ha hecho consciente la pérdida de su raíz, y por eso cuando está sangrando, siente tristeza. Es importante hacer consciencia de que son mujeres árbol, y que en cada momento hay una red invisible bajo sus pies que las conecta a un sinfín de memorias ancestrales, a una gran red, un gran cuerpo energético. El útero está conectado a uno más grande que es aquel que ha dado vida desde el inicio de los tiempos a todo lo conocido y desconocido. 

Para sanar es necesario que las mujeres se unan a recordar la historia y la magia que dentro les habita. Así volverá la conexión con demás mujeres, hombres, animales, insectos, alimentos, minerales y elementos. Así la tierra podrá sanar su herida y los hombres serán compañeros y guardianes de esta evolución.

Fuente: http://www.cantarosagrado.cl/

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