SU BELLEZA, MI MEDICINA

Ese día que estuvimos en la banca del parque, sintiendo aquel abrazo por última vez, que significó tanto, no sabía yo que al arrancarnos una de la otra, se disolverían radicalmente dos almas que aprendían a tocarse cada vez más hondo. En un minuto, se desboronaron dos vidas, en un último encuentro. Y nada pesa más que esas pruebas de carne y hueso, cuando se viven los puñales de tiempo.

Arrancarla a usted, fue arrancar talvez lo más puro de mi aliento. Porque cuando solté su belleza, se fue con ella el sentido alguno de la existencia. Desapareció la motivación de la estrella. Y el ciclo quedó inconcluso, porque comenzó el duelo de dos muertes inventadas, muertes persiguiéndonos en vida, durante sueños de madrugadas, en la cotidianidad del día a día, para que ese cierre de un viejo círculo aparentara imposible.

Pero esto nunca me supo a duelo, porque de su vida había manifiesto. Nada es para siempre, ni las peleas, ni las tristezas, ni los inventos. La enfermedad siempre es la cura. La arranqué para sanarla hasta que hoy agradezco necesitarla. Pero esta vez, yo le prometo, que además de pájaros somos venados, que no se derrumban. Porque hoy, más fuertes que nunca. Ya ofrendamos incontable tortura, solo para poder llegar a este momento, donde no existe el último abrazo porque la abrazo de nuevo, y la vida nos infla y desinfla los cuerpos, regalándonos porciones del mismo aire, y envolviéndonos, de nuevo, en un instante, lleno de todo lo que olvidé, lleno de usted.

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