JUGAR AL ESCONDITE

Lleva un mes viviendo en ese lugar que es un cuento. Esperar es el puro demonio, y ella esperó una convivencia más variada que solo entre arañas y guekos. Lo cual era absurdo, pues llegó allí huyendo de todo tipo de contacto social, buscando cueva para hibernar. Las personas necesitan hablar. Pero también necesitan hablarse. Ahora le toca estar más con ella que nunca.

Se asusta, da miedo no saber estar con las mil y un caras internas, secretas, y en tanto silencio. Llora mucho desde que despierta ahí. Llora mucho desde que nació. Estos días se le han vuelto un debatir constante de un lado a otro dentro de su cuerpo. Y siguen y siguen rebotando bien fértiles las ideas. Ella sabe que llora más de la cuenta, pero le emociona más eso que sellar goteras. Pareciera que ese dolor le gusta, pareciera que lo ocupa. Y es que aún le quedan códigos qué descifrar después de tanto mareo.

Es distinto curar y sanar. Una es cuando raspan la herida para limpiarla, otra cuando la carne es grano pintando cicatriz rosada. Ella se raspa, y se raspa y se raspa. Hay mucho que arrancar antes de renovar, cíclos sin cerrar están cerrándose.

El pasado y el presente a veces hablan, finas señoras paralelas. A ella le pasa. Ella de ahora con ella de atrás, o al revés, viéndose cara a cara en un cuaderno del 2012. No importaba nada en aquel entonces, no existían planes, ni responsabilidades. Ni siquiera existía el tiempo, ni el espacio. Vivir era una completa ilusión, hermosa. Nadando siempre mares nuevos en busca de más y más reflejos.

Esos años ella se decía justo y únicamente lo que le hiciera bien decirse, para perder los miedos que nunca existen. Cuando se enfrenta al miedo, el miedo jala. La aceptación a la peor de las situaciones, la tranquilizaba. Ella entendía de vivir entendiendo nada, buscando trenes para pasar las madrugadas. Deliciosa la vida cuando hay movimiento. Deprime la vida cuando no se hace nada.

Optó por creer en la simpleza de la existencia, optó por creer que nació justo en el árbol donde la esperaban tantísimas generaciones enraizadas, que coexisten en el nudo del pasado. Que es parte de la reencarnación de todos esos que sobrevivieron apenas un lapso de tiempo, y hoy siguen siendo, dentro de cada uno de los que orbitan sobre el planeta. Las personas son individuos ridículamente diminutos e insignificantes, y entonces dichosos, porque aún así son el bordado indispensable de un telar enorme e inacabable, con la total potestad de accionar un aporte a la maravillosa y eterna transmutación del tiempo.

Ella cree en la perfección del caos, al ver que todos juegan justo el papel que les hace incondicionales, no existen héroes sin villanos, ni alivio sin maltrato. Todos necesarios. Haciendo exactamente lo que hacen y estando exactamente donde están, equilibrando todo con fuerzas invisibles. Un cuerpo es la máxima herramienta para experimentar un momentito de humanidad, que rapidito y fácil fácil, se va.

 

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